TEMUCUICUI: La Tierra Manchada con Sangre

La información del allanamiento más grande en la historia a la comunidad de Temucuicui explotaba en las redes sociales. Sin embargo, hubo escasa cobertura en los medios. Con el paso de las horas, el interés empezó a decrecer, no había espacio para esta historia. Felipe Huenchullán, hermano menor de Jaime, está herido y en la cárcel.

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Por Carolina Rojas N. * – Revista Anfibia

En medio del caos, y aún sobresaltado, Jaime explicaba (la voz  trémula) cómo había sido uno de los ataques policiales más grandes que le había tocado enfrentar a la comunidad. Hablaba en medio de la destrucción, del aire aún denso por las bombas lacrimógenas, de la sensación de estar de cara frente al miedo, a la incertidumbre. Decía que los zorrillos (carro lanza gases) que irrumpieron con violencia en los predios habían atropellado a un rebaño de ovejas, que había gente herida y golpeada, pero que su mayor angustia era que no sabía dónde estaba Griselda, su esposa. Los niños llegarían desde el colegio, no habría nadie para recibirlos. Todo era confuso en medio de los disparos y destrozos.

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— Felipe, está herido, fue en el brazo.

Al otro lado de la línea, hizo una pausa. Tal vez ese silencio haya sido lo que llamamos angustia.

— Mi hermano estaba cuidando a las ovejas que estaban pastando, vio a Carabineros, se los encontró de frente en el camino, le dispararon a quemarropa, lo hirieron y él corrió… Un ‘peñi’ lo encontró malherido.

Seguían llegando policías. A las cinco de la tarde del miércoles, ya habían hecho tres allanamientos.

Este fue más brutal que los anteriores, otras veces también arrancaron las alambradas con retroexcavadoras y destruyeron sus siembras de cereales, pero ahora era distinto. Un contingente policial los hizo temer como nunca, las casas estaban rodeadas, llegaba un carro tras otro. No les dieron tregua.

— Se llevaron todo.

Herramientas del arado, azadones y palas que le sacaron como prueba de supuestas armas.

—Por suerte Wangulén y Mankilef estaban en el colegio.

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Aquí y allá, todos saben que el conflicto está reducido a la visita de un político que baila con ellos aparentando interés por su cultura, pero ahí está  la  ley antiterrorista y la vista gorda de cuatro presidentes. A sus diez años, Wangulén, la hija mayor de Jaime, ya sabe que cuando grande quiere ser abogada para “sacar a su hermano de la cárcel”. Ella es seria, desconfiada, igual que los demás niños de la comunidad.

Los destrozos y el desconsuelo

A las ocho de la mañana, la policía entró a los fundos Nilontraru, Montenegro y La Romana predios de René Urban, que hoy controla la comunidad y que se encuentran en proceso productivo y pacífico. Los allanamientos siguieron durante toda la tarde, también los disparos.

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Pero la pesadilla no terminó ahí, cuando algunos hombres llevaron a Felipe Huenchullán al consultorio de Collipulli, fueron detenidos los hermanos Felipe y Jorge Huenchullán, el lonko Víctor Queipul,  y el menor de edad Jonathan Quilapán, entre otros.

Ayer, a las diez de la mañana seguían llegando carros policiales, todo era una Franja de Gaza a 535 kilómetros de Santiago. Las noticias del horario prime, no hicieron ninguna mención. De esa indolencia sabe muy bien Karina Riquelme, abogada de algunos comuneros de la zona. “Este ha sido el allanamiento más grande de la historia y a nadie parece importarle”, comentó.

Karina dice que una cosa es el daño a los adultos y otra es ese mundo infantil resquebrajado. Vidas que están reducidas a un espacio de guerra y a pequeños momentos de felicidad donde ellos juegan a la escondida con el sonido de los grillos de fondo, montan caballo y persiguen a los cerdos y a las ovejas. Esos, son sólo interludios en un continuo de violencia.  “Los niños experimentan esas situaciones desde que tienen meses de edad, niños que no sonríen y su seriedad se intensifica con el tiempo… Ahora estaban en el colegio y llegaron tanquetas y zorrillos ¿cómo se puede vivir así?”, se pregunta.

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Hace tres años la Corte de Apelaciones de la zona, pidió que se adecue  el procedimiento de la policía, pero los hechos violentos siguen sucediendo cada vez con más intensidad. Karina Riquelme comenta que  estas son tomas de tierra pacíficas, con siembras y construcción de cabañas de madera, y que la policía debiera actuar de la misma forma. Los informes de los sicólogos revelan lo contrario. Los menores de las comunidades mapuches son víctimas de torturas, secuestro, amenazas de muerte a ellos o a sus familiares cercanos, que son amedrentados con armas para que delaten a referentes significativos de sus comunidades. Menores de edad víctimas de los interrogatorios, perseguidos por helicópteros policiales, heridos  con perdigones o balines al igual que sus padres.  El tiempo pasa y  nadie ordena el cese de los allanamientos.

“Los detenidos están todos golpeados, ahora entré a dejarles unas frazadas a mí papá que pasará la noche en la cárcel”, dice Vania Queipul, la hija del lonko, con la voz entre la afectación y lo autómata, de quien ya está acostumbrada a esos trámites. Fueron seis los detenidos: los hermanos Felipe y Jorge Huenchullán, el lonko Víctor Queipul y su hijo,  Carlos Arzola y el menor de edad Jonathan Quilapán. Felipe estaba muy golpeado.

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La comunidad ya había sufrido otro allanamiento en mayo, ese día también hubo gritos, destrucción de viviendas y corrales. En abril se llevaron detenido al lonko, otra vez.

-Mi miedo  es que un día se lleven preso a mi papá y no salga más- dice Vania.

Para ella, todo esto es persecución, cuando suceden ataques de esta magnitud, la werkén (vocera) interrumpe su vida de universitaria en la ciudad de Angol, corre a Temucuicui a ver quién están preso o herido. En esos momentos, su voz de niña, se escucha más fuerte, pero está  cada vez más abatida.

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Ella cuenta que este allanamiento fue peor que el de mayo y como los de antes, los Carabineros se abren paso sin importar si hay niños, mujeres o ancianos. Ella sabe de  golpes, bofetadas e insultos y se aguanta, pero lo lleva por dentro. “Estoy marcada por ese odio a los niños que vienen detrás de mí, les pasa lo mismo”, dice para concluir.

Víctor Hugo, hijo del lonko, Felipe, y Carlos Arzola fueron trasladados a Angol para ser formalizados por homicidio frustrado a Carabineros. Acá nunca hay finales felices.

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“Le dispararon a Felipe, les pegaron, están lleno de hematomas, el fiscal cree que los mapuches somos más peligrosos que un carro blindado de la policía y todas las armas con las que llegaron…”, dice Jaime Huenchullán.

En estos momentos, las fuerzas policiales aún se encontraban en varios puntos fijos, fuera de la comunidad,  los predios están militarizados.

Carolina Rojas es autora del artículo Una guerra de fuego y sangre en el paraíso mapuche
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